La gran elección

En agosto pasado, el DEMRE dio a conocer que más de 275 mil estudiantes se inscribieron para rendir la Prueba de Transición (PDT) en diciembre del 2021. Esta semana, aquellos estudiantes recibieron sus puntajes y un dato positivo que se dio a conocer es que en comparación con los años anteriores, si se trata de resultados, hubo una disminución de la brecha entre quienes egresaron de establecimientos científico-humanistas y técnico-profesionales.

Una vez dada la prueba, lo clave ahora es que estos estudiantes se aprontan a tomar una de las decisiones más importantes que hayan tomado en sus vidas: la carrera que estudiarán.

Encontrar la vocación no es tarea fácil, en mi caso me decidí por ingeniería informática ya que veía un gran valor en poder estudiar algo que me diera la capacidad de crear cosas útiles para la sociedad y que además me entretuviera haciéndolo. Sin embargo, me imagino que muchos estudiantes como yo, ya saben qué quieren estudiar y han orientado todos sus esfuerzos en el último tiempo a lograrlo, mientras otros siguen pensando qué harán o incluso algunos tal vez decidan esperar un semestre más y mejorar sus opciones.

Independiente del resultado de cada uno de estos estudiantes en esta prueba, me parece que es importante reflexionar sobre cómo -desde la academia- estamos preparando a los estudiantes para tomar las decisiones que podrían marcar sus futuros, y -por sobre todo- cómo los estamos guiando para que esas decisiones tengan relación con la evolución de las tecnologías y, eventualmente, del mundo del trabajo.

Hace algunos meses, Elon Musk, CEO de empresas como Tesla, Starlink o SpaceX y ‘Person of the year’ de la Revista TIME – y una gran inspiración para mi – reflexionaba sobre este mismo tema en un seminario sobre Inteligencia Artificial (IA), lo que fue recogido por una enorme cantidad de medios alrededor del mundo. 

Elon hablaba sobre cómo la IA va a modificar el trabajo cómo lo conocemos, y tal como en un capítulo de Los Simpsons – que siempre le dan en el clavo con sus predicciones -, esta tecnología hará desaparecer por completo, y en el corto plazo, trabajos que podrían ser ejecutados por máquinas, mientras que aquellos trabajos que requieren del contacto humano, perdurarían (al menos, por ahora).

Me pregunto, ¿cuánto de eso sabrán los jóvenes que hoy están decidiendo qué carreras estudiar? ¿Serán sus decisiones lo suficientemente informadas? 

Creo que la encrucijada que esta generación enfrenta no es para nada menor. No sólo la decisión de qué carrera escoger a los 17 o 18 años de edad es tremendamente abrumadora, sino que, además, la deben tomar en un escenario de cambios y obsolescencia como pocas veces se ha visto. 

Más allá del -a mi juicio- buen consejo de Musk de dedicarse a la ingeniería o a carreras de contacto humano, mi recomendación para los estudiantes que hoy deciden su futuro es hacerlo desde la pasión, por cierto, pero siempre con los pies puestos en la tierra y analizando sus posibilidades de contribuir a los problemas que el mundo enfrenta hoy. No solo deciden entre carreras que pronto quedarán sin campo laboral y otras que cosecharán éxitos, sino que además lo hacen en un mundo que necesita soluciones contundentes a los múltiples problemas que lo aquejan.

Sin duda, es una gran elección la que estos jóvenes deben tomar.

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